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domingo, 5 de febrero de 2012

El diagnóstico

En primer lugar, quiero dejar claro que, a diferencia de otras entradas en este blog, lo que escribo esta vez es pura opinión. Fundada, puede ser, pero hasta cierto punto debatible.
El caso es que hace un tiempo me encontré, creo que por accidente, metido en un debate sobre el "diagnóstico". 
Se debatía en torno a lo malo que es diagnosticar, y lo bueno que puede ser para tratar entre "profesionales" con esos diagnósticos, es decir para hablar de los pacientes.
Obviamente, nadie defendía, a estas alturas de la película las "bondades" de etiquetar a nadie por el mero hecho de hacerlo. O sea, que decirle a alguien "lo que pasa es que eres ciclotímico" no ayuda, al menos es lo que salía en el debate como una especie de consenso.
Claro, entre colegas, se dice "tengo un paciente que es ciclotímico", o "estoy llevando a dos esquizotípicos". Y yo me planteo: ¿Cuál es la diferencia entre decirlo y no decirlo? ¿Sólo que el paciente no se autoetiqueta? Con un poco de cabeza y una conexión a internet a lo mejor se puede colgar la etiqueta de forma bastante acertada, y más si tiene acceso a algún tipo de informe.
También se decía que si algún paciente va a consulta con "crisis de angustia", ponerle ese nombre tranquiliza, ya que sabe que no se va a morir cuando le de otro ataque, ni se va a "volver loco". ¿Qué diferencia hay entre decirle "tienes agorafobia" y explicarle cómo funciona fisiológicamente la ansiedad cuando se desata?
Dicho esto, paso a expresar mi opinión respecto a este tema:
Un diagnóstico es fundamental. Un buen diagnóstico. Esto no quiere decir que haya que etiquetar a nadie. Es más, la etiquetación en los diferentes "cajones" que ofrecen las clasificaciones de los manuales, tanto DSM como CIE, es exactamente lo contrario, en salud mental, a lo que significa la palabra "diagnóstico".
Diagnóstico: de la raíz griega δια- (a través) y la palabra γνῶσις (conocimiento). Conocer a través. A través de los síntomas. Es decir, que el diagnóstico debe suponer una ruptura de ese razonamiento circular al que conducen las clasificaciones ("Está usted deprimido porque está triste. Está triste porque está deprimido"). El diagnóstico supone explorar el por qué se dan las cosas. La etiología. La dichosa etiología, si es que se puede hablar de "enfermedad" en lo mental. La etiología, el origen del síntoma.
Y sí, es fundamental que la persona sea capaz de conocer su diagnóstico. Saber el por qué. Lo que pasa es que si el "profesional" tampoco sabe lo que tiene entre manos, va a ser contraproducente que diga nada, porque para decir símplemente que tienes un desequilibrio en unas sustancias químicas en el cerebro, mejor no abrir la boca.

domingo, 25 de septiembre de 2011

La ansiedad III

Con el Trastorno de Ansiedad Generalizada, se especifica en el DSM-IV, que la ansiedad puede versar sobre el ámbito laboral o escolar, pero no entra a valorar si es el ámbito escolar o el familiar el culpable de la existencia de la misma. Si en algún momento valoráramos esto, deberían plantearse medidas "higiénicas", es decir, de prevención, no sólo por el dinero que le supone a las arcas del Estado el medicar con ansiolíticos a, cada vez más, ciudadanos y ciudadanas. 

No vamos a entrar en el planteamiento de la prevención a nivel familiar. 
Si el trabajo tiene capacidad de producir ansiedad a un nivel suficientemente disruptivo como para considerarlo un trastorno, un trastorno que de hecho se medica con medicamentos adictivos y peligrosos, habría que considerar la higiene de este tipo de trastornos como un problema sindical, de salud laboral. Es decir, que en el momento en que se identifica un trabajo como ansiógeno, hay que identificar cuáles son los elementos que producen ansiedad para tratar de eliminarlos. Esto no es un asunto con poca importancia, ya que para la persona individual que padece un problema de este tipo, el sufrimiento y la merma en la calidad de vida son importantes (porque el hecho de que suponga un gasto para las arcas del Estado, a la redacción, le importa muy poco).
Escarbando un poco en esos problemas laborales que pueden producir ansiedad, nos encontramos, de hecho, con problemas como el mobbing, la inestabilidad laboral, la dificultad de conciliar la vida laboral con una vida más o menos digna (con o sin familia, pero sin cambios de turnos que impidan desarrollar actividades más o menos estables y de ocio), un esquema empresarial tóxico para el trabajador... Sobre el mobbing hablaremos ahora, pero el resto de "problemas", no tienen nada que ver con asuntos "individuales", sino que siempre han sido considerados asuntos "de todos", es decir, tradicionalmente sindicales. ¿Por qué tratarlo ahora con pastillas? Muy fácil, porque es la forma de mantener el sistema productivo, sin que los trabajadores se planteen alternativas al mismo. 

Sobre el mobbing, se plantea como relaciones "de acoso", ya sea de un jefe, o de un superior en la jerarquía empresarial, a un empleado, o subalterno (lo cual es simplemente una explicitación de la lucha de clases, de toda la vida, pero "saltándose" esas reglas del juego que acarrea la denominada "paz social"), de un empleado o grupo de empleados, o subalternos, al jefe, o superior (un pelín más raro, ¿no? históricamente se ha dado cuando los trabajadores y trabajadoras se han planteado colectivizar y autogestionar sus empresas), o entre iguales. ¿De veras el mobbing entre iguales no es promovido por la estructura empresarial?

Seguimos en la línea de defender que cambiando la sociedad en que vivimos, podremos eliminar muchas de las denominadas patologías que ahora mismo sufrimos, y que el mantenimiento de las mismas interesa, en cuanto, al menos, el coste de la prevención es mayor que el del tratamiento, tanto a nivel económico como social. Es decir, que nos exprimen más y mejor manteniéndonos en condiciones que propician que enfermemos.
Seguimos diciendo que el cambio es posible, pero para que exista el cambio no basta con saber que hay que cambiar cosas. Es necesaria la organización, y la lucha.

lunes, 14 de febrero de 2011

La Ansiedad II

Continuamos con la ansiedad.
Una vez que hemos visto, más o menos, las raíces del problema, vamos a intentar dar unas pinceladas sobre las consecuencias de la misma, a veces coincidiremos con "la versión oficial", otras no tanto (aunque el vocabulario que usaremos será más o menos "standard").
Se puede decir que la ansiedad, en el sufrimiento psíquico, está presente, de alguna forma, casi siempre.
Es muy común, que al percibir una persona que "le pasa algo", el nivel de ansiedad suba. Sobre todo por el hecho de que ese "algo", suele ser una amenaza incontrolable, una amenaza que en lo mental, no suele ceñirse a un mero "bienestar" sino que muchas veces pende como una espada de Damocles sobre la propia identidad de la persona, es decir, sobre integridad de la propia persona.
Pero esa ansiedad como "efecto", no nos interesa tanto como la ansiedad como "causa", aunque ya en el papel secundario de efecto produce, exacerba y mantiene diferentes problemas asociados y no asociados con el problema original.
La ansiedad como causa, produce muchos y muy variados problemas, que van desde lo más obvio, los denominados "trastornos de ansiedad", hasta cosas tan polémicas como lo que los doctores llaman "brote psicótico" o "esquizofrenia".
Algún estudiante de Psicología ha discutido esto, pero es que si entendemos que un pico de ansiedad puede ser un factor precipitante de un brote, la ansiedad ahí tiene el papel de "causa", igual que tiene ese papel un resfriado en una persona predispuesta a la hora de causar una neumonía.
No hablaremos en este momento de los diferentes trastornos concretos en su relación con la ansiedad, ya que eso será objeto de otro texto, entrada o artículo, sino más bien vamos a intentar ver cómo la ansiedad ayuda a precipitar diferentes patologías.

Como vimos antes, la ansiedad es una respuesta del organismo a situaciones amenazantes, más o menos difusas, que conlleva una activación del cuerpo y de las facultades mentales para resolver la amenaza. 
Las diferentes respuestas fisiológicas son necesarias en diferentes momentos, efectivamente cuando existen problemas, o la difusa posibilidad de que existan, para poder adelantarnos a los mismos. El problema en el cuerpo se da cuando esas respuestas se mantienen durante mucho tiempo, o se dan tan a menudo que es como si se mantuvieran. El cuerpo no está preparado para estar "a tope" siempre.
Lo mismo pasa con la mente. Es más, una ansiedad muy elevada, durante mucho tiempo, no sólo no nos ayuda a resolver problemas, sino que acaba creándonos más.
Una activación exagerada, a nivel corporal, causa "síntomas somáticos", como cambios en el sistema circulatorio, una activación neuromuscular más fácil, y cambios también en el sistema respiratorio, endocrino... cosas concretas como hormigueos, espasmos, fasciculaciones, palpitaciones, taquicardias, desarreglos hormonales, etc.
A nivel mental, si es que realmente se puede hacer una distinción entre "mental" y "somático" (con esto pretendemos decir rotundamente que esa distinción NO existe), el estar utilizando todos los recursos disponibles, hace que después de un tiempo en esta situación de la sensación de que esos recursos se van agotando, llegando el "bajón", es decir, que después de un tiempo de estrés exacerbado, llega un periodo aparentemente depresivo, que no es sino de agotamiento. Puede llegar la indefensión y sentimientos de desesperanza.
Pero no sólo eso, sino que en periodos de activación máxima, se pueden dar "síntomas disociativos", como desrealización y despersonalización, con la sensación de "estar volviéndote loco" que conllevan, que a su vez ayuda a aumentar esa ansiedad. Asimismo, existe una asociación entre síntomas denominados psicóticos y ansiedad (esto se ve claro en trastornos como el TEP, hago esta puntualización porque parece que hay dogmas de fe en la psiquiatría, que como los que nos da la Iglesia, chocan frontalmente con las observaciones empíricas que podemos hacer).
Por tanto, la ansiedad, que para muchos psicólogos y psiquiatras es la "hermana pequeña" del sufrimiento psíquico, es realmente la madre de muchos de ellos. Teniendo en cuenta lo escrito anteriormente, y con esta nueva información, podemos prever qué es lo que pasa en la relación de la ansiedad con las diferentes formas de sufrimiento biopsicosocial.

Como siempre, agradeceré los diferentes comentarios y aportaciones de todo el mundo.

sábado, 8 de enero de 2011

La Ansiedad I

Ya que por razones personales se está retrasando el próximo número de La Nave de Los Locos, y dado que a nuestro juicio este es un tema importante, vamos a publicar por este medio un adelanto, en la línea que estamos preparando en la revista. Así además, podéis, queridos lectores, hacer aportaciones, quejaros y decirnos qué creéis que debería estar reflejado y no lo está o viceversa.

Como es un tema tan amplio, en primer lugar vamos a abordarlo de forma difusa, en general. ¿Qué es la ansiedad? ¿Por qué la sufrimos?

Estas preguntas son las primeras que suele responder un psicólogo cuando a su consulta acude un paciente con algún problema de ansiedad. Pues bien, la ansiedad es una respuesta del organismo, de tu cuerpo, a situaciones potencialmente amenazantes. Tu Sistema Nervioso reacciona aumentando tu activación (libera adrenalina, dopamina y otras catecolaminas, que son neurotransmisores. Este dato será luego importante). 

Distinguimos "Ansiedad" de "Activación" (en lenguaje técnico de psicólogo la activación se llama "arousal"), atribuyendo a la ansiedad unas connotaciones negativas, de respuesta a una amenaza, pero una amenaza más difusa en el futuro que con el miedo (sería la diferencia entre tener que huir de un león y tener que dormir al aire libre en la sabana africana al alcance de unos leones que aún no hemos visto).

Existen muchos tipos de ansiedad, que provienen de distintos tipos de miedo, desde una ansiedad ante situaciones en que somos evaluados, hasta una ansiedad cada vez que tratamos de salir a la calle, ansiedad ante diferentes tipos de situaciones, cosas, personas... 

Algunos psicólogos argumentan que la ansiedad a niveles "aceptables" (que no generen un excesivo malestar) es necesaria, ya que la necesitamos para poder responder a las demandas de las situaciones a diario., por ejemplo, si nos toca ir a la sabana, y tenemos que huir de un león, estar tranquilo es una desventaja (y estas palabras, las ha oído de boca de algún psicólogo quien escribe el texto) Y aquí está el quid de la cuestión:
En primer lugar, estamos en un lugar y momento concretos, en que la ansiedad no se produce por temor a que algún animal salvaje nos pueda devorar. Más bien, nuestros temores más ansiógenos se deben a "cosas" que nos aporta nuestra joyita de sociedad. 

Con la psicología, más concretamente su vertiente cognitivo-conductual, se individualiza el fenómeno de la ansiedad. Aunque en un análisis funcional de conducta (que resumiendo mucho, es una tabla en la que se refleja "la conducta problema" con antecedentes y consecuentes) pueda reflejar esos factores sociales, es la persona quien responde generando y manteniendo el problema. 

Desde aquí planteamos que la ansiedad es un fenómeno social, un fenómeno de nuestra sociedad. Obviamente la parte fisiológica, y algunos de sus correlatos cognitivos son, más o menos, comunes a todos los seres humanos. Nuestro planteamiento es que la forma de afrontar los problemas de nuestra sociedad capitalista es cualitativamente distinta de cualquiera que ha habido en cualquier organización social a lo largo de la historia. Por primera vez, los problemas de una persona, no tienen nada que ver con los problemas del grupo, si no generan problemas al grupo (y en la medida que los genera, los problemas de la persona son los problemas que tiene el grupo, y no al revés).

Vamos a explicar esto que parece un juego de palabras barato. 
Cuando alguien tiene problemas, fuente de ansiedad, por ejemplo, laborales, lo último que se le ocurre es pensar que sus problemas son algo colectivo, que proviene de una estructura social, y no de su relación personal con el mundo. Esto lo ven también sus compañeros, por lo que de poco le sirve a un trabajador ser la única persona concienciada de su empresa, pues con poca gente va a poder, al menos, hablar de los problemas comunes en términos más allá de sus relaciones individuales. Si por algún alineamiento de planetas, además de algo de propaganda sindical, algunos trabajadores se ponen en huelga (por decir algo, pero las mismas reacciones se pueden ver ante un piquete o una octavilla), generan problemas, y son los problemas que generan, los problemas que tiene el grupo, la empresa o la sociedad, con esos trabajadores. 

Este esquema se da a nivel social-laboral, pero se da incluso a nivel familiar. Si una persona tiene algún "problema mental", vamos a poner el ejemplo que menos puede apoyar lo que afirmamos aquí: Una depresión. sea lo que sea esto. La depresión, lo que la causa, es un problema de la persona deprimida, no de toda la familia. Cuando la depresión se descontrola y compromete el "funcionamiento familiar" aquí se convierte, en la medida en que es capaz de interferir, en un problema familiar.

Con este esquema, es imposible tratar de afrontar los problemas de forma colectiva, y así la ansiedad, una reacción a las amenazas del medio, es un problema individual -e intransferible-, aunque estemos rodeados de gente con la misma ansiedad.
Esto no sólo cronifica el problema, sino que ayuda a que entremos en unas dinámicas que acaban dejándonos indefensos ante las fuerzas capaces de generarnos la ansiedad y el miedo. La gente que se siente indefensa no gasta recursos de manera inútil en luchar para mejorar su situación, sino que se pliega y se deja hacer, esperando que pasen los chaparrones cuanto antes. ¿Nos suena esto de algo?

Como este artículo pretende ser un adelanto, no vamos a profundizar más, por ahora, en esto, ni extendernos mucho hablando de diferentes formas y trastornos derivados de la ansiedad. Lo dicho, si tenéis sugerencias, dudas o quejas, serán bienvenidas.

domingo, 4 de julio de 2010

Violencia y Esquizofrenia

Pido disculpas por tardar tanto en actualizar el blog. Es difícil mantener un nivel de calidad en las publicaciones planteando escribir cada poco tiempo, si además, el ajetreo de la vida diaria impide tener tiempo suficiente para ello.
Esta entrada es una contestación a un artículo de La Gaceta de Salamanca del 19 de Junio de 2010. El artículo, que ocupa parte de la portada y las dos primers páginas, parece sacado de otros tiempos, en los que Castel escribía  contra "la tapia del manicomio". 
Un artículo que muestra una ignorancia o mala fe supina de quienes lo han escrito y permitido pasar. Un artículo que muestra también qué clase de psiquiatría se practica en la Sanidad Pública salmantina (en el artículo se puede ver que los "periodistas" se pusieron en contacto con, al menos, un psiquiatra). Del artículo también se deduce que las familias no siempre buscan "lo mejor" para el "enfermo", sino más bien, muchas veces, buscan "lo mejor" para ellos, es decir, lo que más salvaguarde su tren de vida, sea este el que sea, y dentro de eso el "enfermo" esté lo mejor posible.
Por mero interés periodístico y científico, reproduciré algunos párrafos, y si alguien tiene especial interés en leerlo íntegro, lo conservaré digitalizado y en papel físico para enseñárselo a quien sea.

Y aquí viene. El texto entrecomillado y en cursiva está extraído literalmente del periódico, y a continuación viene cada contestación.

El titular de la portada:
"La falta de psiquiátricos desborda a los familiares de los enfermos."
 No podemos frivolizar con la enfermedad mental. El hecho de tener a una persona con "Enfermedad Mental Grave" en la familia supone que ésta debe sufrir, al menos, un reajuste para poder adaptarse a esta realidad, para poder apoya, o convivir con la persona que realmente lo está pasando mal. 
El achacar el "desborde" de las familias a que falten psiquiátricos (muchos pequeños o pocos grandes, no especifica por ahora) es una perversión, una idea que se le puede ocurrir a un chimpancé borracho en un bar hablando con otros chimpancés que usan la muletilla "si Franco" para arreglar España. En el cuerpo de la noticia, dice que "los jueces también echan el falta medidas más contundentes para controlarlos", y aquí se deja ver que es un "asunto de jueces" y no de la comunidad (que es para lo que se supone que se hizo la Reforma Psiquiátrica, para dejar en manos de los recursos comunitarios las medidas coercitivas y de control que supone el psiquiátrico. Si es asunto de jueces, será por tanto un asunto cuanto menos, de "seguridad", y por qué no, al mismo nivel que cualquier criminal, o al menos "cualquier criminal en potencia". El interior del periódico no defrauda las expectativas creadas en la portada.

 Sigue la portada:
""Tenemos un homicidio", dicen unos padres sin ayuda para ingresar a su hijo en un centro."
 En letra grande, es la segunda frase del artículo, que viene, sin duda de una fuente objetiva y desinteresada, el padre de un "enfermo". Luego veremos que el asunto "no es para tanto", la visión estigmatizante que tiene este hombre de su hijo, y lo que supone la patología que el niño puede tener.


Interior (titulares y a continuación, el cuerpo de la noticia):
"Los familiares de los enfermos mentales, desbordados por la falta de psiquiátricos"
 Sólo pongo este redundante titular para que se vea dónde están los párrafos que siguen ahora.

El cuerpo del artículo: 
"Las familias de los enfermos mentales que no están ingresados y sufren episodios de violencia se encuentran desbordadas, y sin recursos, para atender a este tipo de pacientes, como ilustra el testimonio de la página contigua, un caso donde los psiquiatras admiten que hay "riesgos de desenlace fatal""

EL periódico no especifica cuál es el porcentaje de enfermos psiquiátricos que "sufren" episodios de violencia, y es que si lo pusiera, se vería que llenar con eso dos páginas de un periódico, habiendo otras noticias, es algo totalmente injustificado. 
Es cierto que los enfermos mentales, como cualquier otra persona viva puede tener episodios violentos, pero lo que no está tan demostrado es que los llamados enfermos mentales sean más violentos que cualquier otra persona "cuerda". Los estudios al respecto son contradictorios, pero encontramos que los estudios que dicen demostrar que existe relación entre enfermedad mental y violencia, pueden estar interesados en que esa relación exista, para vender algún fármaco, cambiar alguna ley (como la campaña mediática para abrir el debate del TAI, en la cual podemos enmarcar este artículo), o vender un nuevo test o batería de tests "capaces de predecir" conductas violentas,como el caso de este artículo.
El caso es que hay otros artículos que sitúan a los enfermos mentales más como víctimas de violencia que como perpetradores, ya sea violencia física o de cualquier otro tipo. Los estudios clásicos afirman que no hay diferencia entre cuerdos y locos a la hora de cometer actos violentos. Estos estudios, supongo, no tendrían en cuenta grandes subgrupos de población "cuerda", como ejército, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, etc.
Ejemplo 2 (no estamos de acuerdo con el obligar al tratamiento a nadie, y habría que ver por qué es violenta la diferencia estadística entre la población general y la población esquizofrénica que no se medica. Habría que ver el porcentaje de población que ha sido violenta en casos de opresión al nivel que estos pacientes).

"José Luis Sánchez, ex fiscal jefe de Salamanca, explica que el problema de este tipo de familias es que, tras la supresión de los hospitales psiquiátricos, se siguen echando en falta "medidas claras y contundentes para el control de los enfermos mentales". "Y serían necesarias normas claras para someterlos a tratamiento".

 ¿Medidas duras y contundentes? Son enfermos, no criminales. Medidas duras y contundentes tendríamos que empezar a tomar contra la gentuza que se cree con derecho a reprimir lo diferente desde el miedo y luego se atreven a decir que es por nuestra propia seguridad.
Las medidas duras y contundentes a que se refiere, entran probablemente dentro de lo que podríamos llamar "TAI", y que, obviamente, supone un retroceso brutal en derechos, tanto de los pacientes como de la gente que somos pacientes en potencia, ya que no lo olvidemos, el estar a un lado u otro de la silla del despacho de psiquiatría es algo meramente circunstancial.
Para implementar el TAI tal y como lo quieren hacer, hay que reformar varias leyes, y las medidas pueden ser muy impopulares si no se crea cierto nivel de alarma social con esto de los enfermos. Para aplicarlas a nivel local, como sucedió en Valencia, hay que concienciar a la gente, es decir, meter miedo.

"Con los pocos recursos que tiene esta comunidad, hay listas de espera para acceder a este tipo de asistencia sanitaria".

Los pocos recursos  son algo endémico en Salud Mental. Aquí y en Lima, y en Nueva York y en Barcelona. Otra cosa es que la Gaceta de Salamanca aproveche otra vez para hacer victimismos en cuanto a la dejadez del gobierno a la hora de mandar recursos a Castilla y León y más en concreto a Salamanca. Así piden infraestructuras tan poco necesarias como el AVE entre Salamanca y Madrid.
 
"La junta creará una fundación para asumir la tutela de este tipo de pacientes"

Aquí se plantea de qué tipo de pacientes se habla. Se supone que pacientes con enfermedad mental grave e incapacitante, pero en el periódico no especifica si esquizofrénicos, gente que ha sufrido un Traumatismo Craneoencefálico, o gente con Trastornos de Personalidad.

"Para las familias es duro incapacitar a estos enfermos, y más si son jóvenes"
Claro que es duro, sobre todo cuando no necesitan incapacitación.
En el cuerpo de este artículo: "No obstante si la patología no tiene un caracter persistente, la incapacitación resulta más complicada." Todo lo dicen ellos. Aunque plantearemos el asunto desde el otro lado, como posibles pacientes. SI se facilita la incapacitación de la gente, ¿no corremos peligro de que nos incapacite la familia cuando no quieran que hagamos algo, como gastarnos el dinero que no quieren que nos gastemos? La historia de la psiquiatría nos demuestra que el tener poder de incapacitar a una persona es tener el poder de dejar en indefensión a quien queremos quitarnos de en medio, o de quien nos queremos aprovechar. Ejemplos los tenemos en la Unión Soviética, con los diagnósticos Ad Hoc, o en la psiquiatría americana de mitad del siglo XX, donde se diagnosticaba a los "inadaptados sociales" (un adolescente comunista, por ejemplo), u hoy en día, donde hay clínicas que se aprovechan de cómo es el sistema de las compañías de seguros para incapacitar y tratar contra su voluntad y contra sus necesidades a los pobres pacientes.

"Tenemos un parricidio o un homicidio"
Este es el testimonio de unos padres sobre lo difícil que es convivir con una persona "enferma". No vamos a explicar todo el artículo, que no tiene desperdicio, pero sí que vamos a sacar unas pocas partes que destacan por lo poco serio de la redacción y del que se de crédito como si fuera algo "científico". La familia puede estar pasándolo mal, pero obviamente algo no va bien cuando se dicen estas cosas. Por otro lado, el artículo da a entender que el paciente es un enfermo mental, cuando el paciente NO es un enfermo mental (al menos según el diagnóstico que dan). El cuerpo de la noticia: "Los padres de un joven con trastorno de personalidad no encuentran ayuda para mantener bajo control a su hijo" (aquí falta la tilde de jóven que respetamos en la "noticia". Si no saben escribir "jóven", es fácil que no sepan lo que es un Trastorno de Personalidad). Un trastorno de personalidad no es una enfermedad mental.  El artículo pone numerosos ejemplos de episodios violentos del hijo, como amenazas con cuchillos, etc. Vamos a ver cómo habla el padre de la "enfermedad": "A mi hijo lo mataron cuando nació. Le sacaron con fórceps y le reventaron la cabeza. No hay que ser muy médico para saber de dónde le viene el problema". Con esto, el padre demuestra, no sólo no haberse preocupado en saber qué le pasa al niño, que o está mal diagnosticado, o no le viene el mal de un nacimiento "accidentado". ¿Por qué no se ha preocupado por eso? No quiero decir que sea un mal padre, sino que a lo mejor la familia está teniendo actitudes, conscientes o inconscientes que estimulen o hayan estimulado la expresión violenta (al fin y al cabo, un trastorno de personalidad, según la "versión oficial" y todo, es un grupo de pautas de comportamiento aprendidas y que en algún momento han servido a la persona...).

Otra noticia:
"Un 33%, sin curación". (Cuerpo de la noticia:)"Un tercio de los enfermos mentales no tienen curación o se resisten a la curación, según han destacado Ginés Llorca y Alfosno Ledesma, catedráticos de psiquiatría de la Universidad de Salamanca".



"Si a los pacientes se les entrena en habilidades como sacar dinero del cajero, viajar en autobús y hacer compras, a las familias también se las respalda y prepara porque "se convierten en enfermeros y en hospitales" con el consiguiente desgaste que conlleva esta tarea"
Este párrafo se contradice en sí mismo y con la realidad.
La mayor parte de los enfermos mentales no requiere que les enseñe nadie a nada, son personas totalmente autónomas y más inteligentes, probablemente que toda la redacción que participó en escribir este artículo junta, aunque eso no es muy difícil. Lo que quiero decir es que ssalvo en casos muy específicos, que poco tienen que ver con el objetivo de este artículo, la "enfermedad mental" apenas se nota.
La familia no debe ser "enfermero y hospital", pero claro... ¿es el estado el que debe hacerse cargo de todos y cada uno de los problemas de la gente? El estado no está para eso, el estado está exactamente para lo contrario, para contener los problemas de la gente en una estructura que permita que la sociedad se deje gobernar y expoliar. Volviendo a la enfermedad mental, como llevan diciéndonos mucho tiempo ha los que entienden de ello, es LA COMUNIDAD la que puede hacerse cargo, no la familia sola, pero menos el estado.


En fin, como conclusión: Un artículo de mierda, en la línea editorial del periódico en los aspectos de criminalización de lo diferente y justificación de la represión, mezclado con la denuncia de la dejadez de las administraciones para con la ciudad, y con pinceladas de hablar con gente de la Salamanca profunda (no en vano es fácil encontrar fotos de banquetes de bodas en las páginas centrales del diario).

No vamos a pasar por el TAI, no vamos a pasar por la criminalización de la gente psiquiatrizada cuando los criminales son otros (se puede leer el artículo que enlacé como "ejemplo 3"). 
Hay que denunciar, aunque sea mediante este tipo de contestaciones, todos estos intentos de hacernos comulgar con ruedas de molino, a base de tópicos y manipulaciones del miedo de las personas.

jueves, 29 de abril de 2010

Manifiesto

Lo que viene a continuación es un intento de perfilar la perspectiva del terapeuta en el ámbito libertario. Para llegar a una finalidad concreta, hace falta emplear unos medios concretos, y dándole la vuelta a la frase, si se emplean unos métodos distintos, llegaremos, presumiblemente, a un resultado distinto. Sí, existen muchas maneras de llegar a un mismo resultado, y procesos casi idénticos pueden dar resultados dispares, pero en esencia, la coherencia medios-fines es algo a tener muy en cuenta cuando hacemos cualquier cosa, especialmente en el ámbito de la militancia política. Para llegar a crear una sociedad solidaria, debemos, aquí y ahora, crear relaciones de solidaridad. Para llegar a una sociedad libre, debemos ser libres y fomentar la libertad y la unión libre de personas. Para llegar a una sociedad distinta, debemos romper nuestros patrones y relacionarnos de forma distinta a como la sociedad quiere. Por eso creemos que es necesario tratar de esto.

A estas alturas no podemos andarnos con tibiezas, precisamente eso es lo que nos está asesinando un poco cada día. Aunque no podemos hacer, por ahora, todo lo que nos gustaría, no está de más que nos permitamos a nosotros mismos decirlo claramente. ¿Qué podemos perder? ¿La salud mental? ¿Que nos tachen de locos? Es una ironía absurda. Probablemente ya lo estemos. ¿Nos pueden reprimir? Ese es el precio a pagar por darle al sistema donde le duele. Quien no quiera sufrir de alguna manera la represión, que se sume al rebaño o se vaya solo al monte. Hay gente que no puede permitirse el lujo de no querer ser reprimido, porque está encerrada, drogada y anulada.

La lucha contra el Sistema de Salud Mental, sea este cual sea, no es simplemente una lucha para mejorar la calidad de vida de ciertos pacientes. Quedarnos ahí es volver a seguir el juego del poder, que da concesiones, y nos permite mejorar nuestras vidas, si nosotros hacemos las nuestras, es decir, no le cuestionamos, lo que el poder quiere es que comamos de su mano como fieras domesticadas.
Nosotros buscamos un cambio de las estructuras sociales, un cambio que permita que todos los seres humanos sean iguales, y eso pasa por la destrucción de los sistemas sociales y económicos de dominación. Los estados y el capitalismo.

Ambas estructuras, estado y capital, se alimentan y sostienen mutuamente, por lo que debemos luchar contra ambas, ya que si no destruimos las dos, el sistema permanece intacto en su raíz, y como una mala hierba, resurgirá.

Esta lucha concreta va encaminada a combatir contra un instrumento concreto de normalización y represión social, es decir, del estado, que protege el que hoy por hoy es su sistema económico favorito: el capitalismo, con métodos “científicos” de control social, y de exclusión de todo aquel que no sea productivo. La psicología, como controlador social (desde la escuela hasta el trabajo), hasta la psiquiatría, con sus fármacos y unidades de agudos, pasando por la psicología clínica.

No vamos a decir que todo lo relacionado con lo “psi” sea intrínsecamente malo. Siempre ha habido personas, escuelas que se han ocupado sinceramente de aliviar el sufrimiento psíquico (que le pese a quien le pese, existe), sin orientar a la persona hacia ningún sitio ni siquiera hacia las propias ideas. Esto último lo aclararemos más adelante.

Aliviar el sufrimiento psíquico a corto plazo no nos vale. Significa adaptar a la persona, pese a ella misma, al sistema social, ese sistema al que pretendemos destruir, despojándola de lo único que tiene para defenderse de él. Sin embargo tampoco podemos pedir a una persona que sufra porque sí, por lo que no podemos tampoco juzgar a nadie por buscar esa adaptación, esa eliminación del síntoma. Desde una posición de igualdad sí que podemos tratar de generar conciencia de esto, pero nunca desde una posición “de autoridad” ni “terapéutica”, ya que sería ejercer poder sobre alguien, de alguna manera, manipular.

¿Y qué planteamos? Queremos fomentar el desarrollo integral de la persona como ser humano, su autonomía. En definitiva, su emancipación. Esta forma de pensar no es nueva. Dentro de lo “psi” ha habido corrientes como la humanista-existencialista que ya planteaban cosas parecidas. Con esto hay que tener algo de cuidado, por ejemplo: Albert Ellis, el creador de la Terapia Racional Emotiva, una terapia de corte cognitivo-conductual, habla de “ideas irracionales” (como si el ser humano fuera capaz de funcionar racionalmente), “pensamientos estúpidos”, frente a lo que debía promover el terapeuta mediante una reestructuración cognitiva, las “ideas racionales”. Este tipejo definía su terapia como “existencialista”. Nosotros sin embargo olemos en ella un tufillo fascista, con eso de que hay que tener la cabeza limpia y ordenada. Siendo benevolentes con él, diremos que huele a capitalismo.

Con presentar buenas intenciones y nombres pomposos de terapias nuevas o más o menos viejas (terapia de aceptación y compromiso, terapia centrada en soluciones, etc) no basta. No hay cabida a tratar lo erróneo de la persona desde una perspectiva terapéutica, ya que no existe lo erroneo en la persona. No podemos ideologizar la terapia, ni podemos dejar que la ideologicen por nosotros. No podemos utilizar nuestra posición de “especialistas” para decirle a alguien qué es correcto y qué incorrecto pensar. Eso es ejercer, como decíamos, el poder, y ejerciendo el poder nunca podremos llegar a crear una sociedad libre.

Otra cuestión es el que existan especialistas en lo que pasa por las cabezas de las personas. Con esto se nos pueden plantear varios debates: ¿Es deseable que los haya? ¿Es necesario? En este momento sólo podemos opinar que la especialización que existe ahora, en que el psicólogo y el psiquiatra tienen patente de corso dentro de las cabezas para decir qué es normal y qué no lo es, ni es deseable el rol de tutores sociales que ahora mismo ejercemos.Volviendo al tema ideológico, es difícil luchar de esta manera sin quedarnos en una mera reforma en cuanto al trato a los “enfermos”, pero hay dos cuestiones fundamentales:

  • El fomentar personas autónomas y libres en lo psíquico es acercarles de por sí, al “ideal libertario”, aunque eso de por sí no genere militantes revolucionarios (que sería cuestión de un ámbito no terapéutico). Si no nos creemos esto de que una persona autónoma y libre en lo psíquico se acerca de por sí al ideal libertario, tendríamos que plantearnos qué clase de sociedad buscamos (ya que si está formada por personas “no autónomas” o “no libres”, probablemente requiera de un estado para poder funcionar).Esto no quiere decir que los anarquistas seamos, por el mero hecho de serlo, personas completamente desarrolladas, sino que cuanto más “maduros” seamos, más nos acercaremos, nosotros también, a ese ideal.
  • La otra cuestión es más práctica, y es que si nos quedamos en una lucha parcial, si nuestra única forma de luchar por esa sociedad que pretendemos es tratar de cambiar un aspecto tan concreto del sistema de dominación y nos olvidamos del resto, caemos en el reformismo, como nuestros predecesores en este campo.

Por esto vemos en la práctica terapéutica una forma de llevar a cabo los principios libertarios en una faceta concreta de nuestra vida, no una herramienta de ideologización/manipulación.

Asimismo podemos darle la vuelta al asunto este que tenemos entre manos, pudiendo exigir a los terapeutas que respeten a las personas que acuden a él, no sólo reconociéndolos como personas (que esto ya es un paso enorme para algunos), sino aceptándolos como son con su sufrimiento, con sus síntomas. ¿Quién es ese señor del despacho que cuestiona lo que pasa por mi cabeza? Si una persona considerada “sana” mentalmente, es ella con sus pensamientos, y probablemente tenga de vez en cuando pensamientos muy parecidos a los que tiene alguien a quien se considera “enfermo”, ¿por qué lo que consideramos “locura” o “enfermedad” lo vemos ajeno a la esencia humana? Y cuando escribimos locura, podemos escribir “depresión”, “déficits de atención”, o cualquier cosa por la que nos puedan diagnosticar.

Como no consideramos deseable el tener como finalidad última el “eliminar” síntomas, vemos imprescindible que se creen estructuras para poder contener el sufrimiento psíquico, alternativas al Sistema de Salud Mental, que en esto está fracasando estrepitosamente, pese a lo cual ahora mismo es casi lo único a lo que se puede agarrar alguien que esté pasando por ese sufrimiento. Tenemos que conseguir la transformación de la sociedad, y esto es un objetivo irrenunciable, en algo humano, que, como mínimo, sea capaz de soportar la “locura”, que no es poco, pero sin quedarnos ahí, una sociedad con un mínimo componente a la medida del ser humano, presumiblemente va a resultarnos a todos menos dolorosa en lo psíquico, y por tanto, nos hará enfermar menos.

jueves, 17 de diciembre de 2009

Crónica de la charla

Ya han pasado casi dos meses desde la charla del Ocubre Rojinegro, desgraciadamente no está grabado el largo debate que se generó, y tengo poca idea de colgar una presentación de Power Point por aquí, pero intentaré resumir, más o menos lo que fue.
También quiero disculparme por la tardanza en actualizar esto, he estado muy, pero que muy liado, y para mantener una mínima calidad, a veces hay que renunciar, en algunos momentos, a publicar.
En primer lugar, destacaría la asistencia a la charla. Hubo mucha gente, y además, a mi juicio, gente con ideas muy interesantes. Esto es de destacar en un campo como el que tenemos entre manos, en que hay que "hilar muy fino" para no caer en errores graves que pueden provocar el que los frutos de nuestro esfuerzo no sean los que en realidad esperamos.
La charla fue una introducción al debate, no pretendía ser mucho más que eso. Exponiendo algunos datos, se trataba de  dar unas pocas pinceladas para que posteriormente, con las ideas generadas en común, poder salir todos con más preguntas y alguna conclusión en la cabeza. Soy de la idea de que el pensamiento se genera mejor entre varias personas debatiendo que en una sola cabeza.
En un principio se habló de la historia de la psiquiatría, algo parecido a lo que pone en las primeras entradas del blog. Después hubo una breve historia de algunas corrientes psicológicas, todo "muy por encima".
Luego se habló de la psicología como medio de control social, y se acabó proponiendo una forma diferente de enfocar la ciencia de la psicología, buscando un paradigma psicológico en el que quepan las personas libres.
A quien le interese el power point, puede pedirlo por correo electrónico. No es el árbol de la ciencia y no dice "nada nuevo", pero cumplió bien su función.
El debate giró en torno a varios ejes: El origen de la enfermedad mental, sus causas últimas (la famosa "etiología"), la psicología como ciencia (y la necesidad o no de ser "científicos", incluso la validez del conocimiento científico en sí), y lo que yo considero que debe ser la línea a trabajar desde nuestros colectivos: Qué alternativas se pueden proponer al sistema de salud mental ahora mismo. Cómo podemos hacer para resistir a la psiquiatría y a la psicología "académicas", ya que el mero hecho de negar la figura de la "enfermedad mental" o tratar de destruir la pseudociencia psiquiátrica, no elimina el sufrimiento per se de las personas que tienen problemas en sus cabezas (por decirlo de alguna manera). Es obvio que no se puede pretender crear nada desde fuera (yo como psicólogo, no puedo generar estructuras alternativas al sistema de salud mental, sino que a mi entender, mi labor puede ser acompañar y potenciar lo que los propios afectados pueden querer hacer. Lo contrario sería convertirme otra vez, y sin querer, en el represor al que quiero eliminar).
Pido disculpas por no tener cosas más concretas, pero contaba con que tendría grabado todo, y al final no pudo ser.
Gracias a tods los que asistieron y a aquellos que hicieron que la experiencia no fuera "una charla más".

domingo, 6 de septiembre de 2009

Sobre Cognitivismo y Otros Cuentos

Desde que el Profesor Wundt, en su laboratorio de Leipzig, decidiera fundar la psicología como ciencia independiente han ocurrido muchas cosas en el campo del estudio de la mente y/o del comportamiento humanos, han estado en auge y declive ya varias escuelas, pese a la relativa juventud de esta “ciencia”. Lo cierto es que en auge o no, coexisten, en este momento, muchas escuelas, con tesis prácticamente incompatibles, como dentro de un gran saco del que los psicólogos que se consideran prácticos extraen las que en cada momento les valen para explicar o justificar lo que en ese momento pueden tener delante. Esta “escuela” alternativa, cuya única característica es ese eclecticismo, no tiene por qué ser “mejor” o “peor” en cuanto a eficacia que visiones más ortodoxas enmarcadas dentro de las distintas corrientes. El poder explicar cada cosa que hace o piensa una persona utilizando para ello el argumento que más nos guste, no quiere decir tener una visión más integral del ser humano.

La corriente psicológica que ahora mismo está en auge es el Cognitivismo, una especie de hijo del Conductismo (el paradigma “Estímulo-Respuesta”). El cognitivismo es una corriente que permite integrar las tesis más radicales del conductismo con las teorías motivacionales del Humanismo, la Gestalt, y ciertos esquemas psicoanalíticos (esto muy tímidamente), a veces cambiándoles el nombre para adecuarlo más a su propio bagaje.

Debido a lo mencionado anteriormente, hoy en día es raro que nos atienda un psicólogo que no se declare “ecléctico” o “cognitivista” (ojo, que no es lo mismo), y es raro el psicólogo “ecléctico” cuya base formativa no depende en gran medida de ese cognitivismo, debido en gran medida, a los planes de estudios de cualquier facultad española, dominados básicamente por el Cognitivismo.

La Psicología cognitivivista se centra en cómo procesamos la información, es decir qué pasa desde que recibimos un estímulo dado, hasta que se produce una respuesta a ese estímulo, y cómo las consecuencias de esa respuesta son procesadas también como un estímulo nuevo. Se compara la mente a un ordenador, donde los programas del mismo (nuestros esquemas, creencias, sesgos, experiencia...), y el Hardware (el Sistema Nervioso), son los encargados de convertir el input, los estímulos, en respuestas, para adaptarnos óptimamente al medio.

Ante esta visión de la persona, no lo olvidemos, predominante en los “estudiosos” de la mente y del comportamiento, se nos plantea, como libertarios, un interrogante: ¿Dónde queda aquí la libertad?

Si nacemos con una biología dada que es modulada por un ambiente del que estamos a merced, se podría decir que hay un “determinismo” sobre los procesos mentales, por tanto la libertad, entendida como libre albedrío, tan sólo sería una ilusión en que sólo los ingenuos pueden creer. El problema no radica en que exista o no libre albedrío, el problema está en que desde esta visión, bien aplicada, convertimos las conductas inadaptadas en “fallos” de la persona, que no ha logrado adaptarse correctamente al medio, o tiene “fallos de hardware” (le sobra o le falta de cierto neurotransmisor, o tiene disfunción cerebral mínima).

Lo cierto es que desde la visión cognitiva se puede pensar que si una persona tiene cierto comportamiento es porque es la mejor forma que tiene para adaptarse a su medio, y si tal o cual conducta es disfuncional lo es porque el medio es un medio “antipersona”, pero esta visión , casualidades de la vida no se da, las respuestas que el psicólogo llama “inadaptativas” son respuestas anómalas, no normales a las circunstancias, cosa que contradice los pilares mismos del Conductismo (no olvidemos que sin Conductismo, no hay cognitivismo), ya que en ciencia, no existen “excepciones a la regla”, y es por esto que desde la psicopatología se intenta, cuando se puede, dar una explicación de por qué tal o cual conducta anómala es adaptativa para la persona, y cuando no se consigue, se deja en manos de la psiquiatría para explicar, desde un punto de vista médico, dicha conducta. Siempre sin cuestionar los pilares del sistema.

Por ejemplo, si un hombre es alcohólico, se puede atribuir a que el alcohol, como sustancia psicoactiva, actúa como ansiolítico, entre otras cosas, y la persona que se engancha a él lo hace porque tiene ansiedad, como forma de automedicación. Por el contrario, no se puede explicar por qué una persona desarrolla una esquizofrenia, por lo que debe ser por algo “biológico”... nunca se cuestiona el papel de una jornada laboral de 45 horas semanales en una cadena de montaje como predisponente en una esquizofrenia.

Y aquí es donde entra la otra acepción de libertad, el poder hacer lo que queramos, pensar lo que queramos, sin ser reprimidos por ello. Por lo visto, una conducta extraña, o un pensamiento extraño, se convierten en síntomas, en señales que nos dicen que una persona se adapta mal, ya sea por un fallo en el software, con lo que habría que cambiar sus cogniciones erróneas, o su hardware, entonces debemos controlar, si podemos, sus neurotransmisores de por vida. No quiero decir que se esté haciendo siempre esto, pero sí es cierto que se psiquiatriza y psicologiza cada vez más la sociedad, desde los psicólogos que acuden a los accidentes y desastres a “auxiliar” a las víctimas y familiares, hasta el hecho de que se de medicación psiquiátrica a quienes peor se adaptan a las condiciones de un geriátrico, centro de menores, cárcel, etcétera. Volviendo un poco hacia atrás, repito que no se cuestiona el papel que tiene adaptarse a este sistema en el hecho de “perder la cordura”.

Por ejemplo, es bien sabido por todos que mucha gente trabaja toda la semana en un tajo que se podría llamar “alienante” sin pecar de subjetividad en el juicio, y que reconoce que los fines de semana “se evade” de eso, trabajar para “desfasar”, utilizando para ese desfase el alcohol (recordemos que es, en dosis bajas, un ansiolítico) y tabaco. Pues sin cuestionar el papel del alcohol en todo tipo de problemas mentales, nos podemos encontrar que el tabaco también se asocia estos, se dice que como una suerte de “automedicación” (igual que las personas con ansiedad podrían beber alcohol porque al beberlo se sienten mejor, el tabaco podría tener un efecto parecido además de aliviar efectos secundarios de alguna medicación en otro tipo de enfermedades psiquiáticas), pero lo cierto es que es muy difícil saber qué fue antes. En todo caso, si los pacientes usaran el tabaco porque alivia síntomas inducidos por la medicación, sería una crueldad racionarlo en los psiquiátricos.

Estudios recientes han relacionado la cafeína con la psicosis. ¿Es por la sustancia en sí, o es que provoca primero ansiedad y esta genera la psicosis? La cafeína es la sustancia psicoactiva más consumida en el mundo, en los países industrializados es casi imprescindible para que la gente pueda mantener el “nivel de alerta” (vamos, estar despierto y atento) en su jornada laboral... ¿No nos cuestiona esto nada acerca de las llamadas enfermedades mentales?

Todo esto no son más que reflexiones sobre la teoría y la práctica psicológicas que ahora dominan el panorama. Por supuesto existen formas alternativas de ver la psicología, y debemos crearlas desde nuestros ambientes para poder dar respuesta contra la represión ejercida contra lo “anormal”, que, mira por donde, es lo que molesta a las clases dominantes.

No quiero que todo este tostón se quede en eso, me gustaría que sirva para cuestionarnos ciertos temas, como la libertad y la ciencia. Y desde esa reflexión, poder reivindicar el derecho a ser distintos, a estar tristes, alegres, neutros, inadaptados...




Referencias: David G. Meyers (1999). Psicología. Madrid, ed. Médica Panamericana. || Drs. Jaime Santander, Daniel Seijas y Mirtha Jiménez. Tabaquismo y Comorbilidad Psiquiátrica. Cuadernos de Neurología. 2009; XXIII, Universidad Católica de Chile. || David M. Fergusson; Joseph M. Boden; L. John Horwood ,Tests of Causal Links Between Alcohol Abuse or Dependence and Major Depression. Arch Gen Psychiatry. 2009;66(3):260-266.



Publicado en el Germinal Libertario, Suplemento Nº8 (Septiembre de 2009), Órgano de Expresión de Las Juventudes Anarquistas de León (FIJA).